Cuentos
Carlos vuelve de nuevo a preguntar a su madre si puede ir con su amiga Tania a las mismas actividades del colegio para luego poder jugar un ratito juntos. Sandra, su madre, mira por un momento el horario que se ha escrito en la agenda para que no le coincida nada y se lo vuelve a negar, diciendo al pequeño que no puede ser porque a esas horas tendrá las clases de inglés.
El pequeño no puede más, se tira al suelo y empieza a chillar sin parar:
-¡No quiero ir ni a música, a inglés, repaso ni nada parecido! ¡Me aburro!
– Calla Carlos, mira la que estas montando. – le riñe su madre.
– ¡No quiero callarme! – Le grita aún más enfadado – ¡Yo quiero jugar!
– ¡He dicho que te calles! – ya exclama su madre enfadada de verdad.
– ¡No, no y no! – sigue gritando Carlos, aunque ya de pie. – ¡Quiero jugar con mis amigos!
Ante la pataleta de su hijo, Sandra mira a Sofía y piensa que tal vez su amiga no esta tan equivocada como ella piensa. Quizá ella tenga razón y sea mejor dejar a Carlos que elija lo que quiere hacer y no lo que crea que es mejor para él.
Tal vez, piensa mientras se mira a su hijo, sea mejor dejarle ser un niño y no hacer que se convierta en un adulto antes de tiempo. Pensando en lo que le ha dicho su amiga Sofía, se acerca a Carlos y le propone un trato.
-¿Prometes calmarte si te dejo apuntarte a lo que quieras? – le pregunta muy seria.
– ¿Lo dices en serio?- murmura entre suspiros y secando sus lágrimas.
– Muy en serio, pero con una condición.
– Vale mamá. Haré lo que me digas. – comienza a sonreír el niño.
– Promete que como Tania, harás todos los deberes que te manden y sacaras buenas notas en este curso.
Una vez hecho el trato entre los dos, madre e hijo se acercan a la mesa donde están las solicitudes y es Carlos quien, con una sonrisa de oreja a oreja, se acerca al encargado de recogerlas y le dice que irá a Futbol y a cerámica junto a su amiga Tania.
Sofía, que ha terminado ya con las actividades de Tania, espera a que Sandra y Carlos terminen para ir a casa, merendar todos juntos y que los pequeños jueguen como lo que son, unos niños a los que aún les queda mucho tiempo para jugar, aprender y crecer, aunque a su ritmo y sin prisa por ser como los adultos con horarios, obligaciones y siempre corriendo.
Ya tendrán tiempo para eso, piensan las madres mientras les ven jugar.
Cuento para niños por Rosi Requena
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