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Mostrando entradas de marzo 6, 2016

El león y el raton

EL LEÓN Y EL RATÓN Estaba un ratoncillo aprisionado en las garras de un león; el desdichado en la tal ratonera no fue preso por ladrón de tocino ni de queso, sino porque con otros molestaba al león, que en su retiro descansaba. Pide perdón, llorando su insolencia. Al oír implorar la real clemencia, responde el rey en majestuoso tono (no dijera más Tito) : "¡Te perdono!" Poco después cazando el león, tropieza en una red oculta en la maleza. Quiere salir; mas queda prisionero. Atronando la selva ruge fiero. El libre ratoncillo, que lo siente, corriendo llega, roe diligente los nudos de la red, de tal manera, que al fin rompió los grillos de la fiera. Conviene al poderoso para los infelices ser piadoso; tal vez se puede ver necesitado del auxilio de aquel más desdichado.

Canonización de un obispo

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Con este paso solo queda saber la fecha de su Canonización.   Esta noticia para la Diócesis de Palencia supone una  gran alegría . Es motivo de gozo para los palentinos que nuestro  Don Manuel , un obispo cercano -tanto en el tiempo como en su manera de ser- y presente en muchas personas que aun viven, que fueron confirmadas por él… sea declarado Santo.   Como decía el  Administrador Diocesano  en la Fiesta del Beato Manuel  Gónzalez , el pasado 4 de enero, en el mismo lugar donde reposan sus restos, nos encontramos con un Don Manuel  «que tiene a sus espaldas un extenso anecdotario, como gran catequista que era y como persona de mucho humor y bastante ironía, propio de las personas libres e inteligentes. La verdad, que para un católico de a pie del pleno siglo veintiuno tiene mucho que decir la vida de este hombre, sacerdote y obispo» . Que  «le preocupaba sobre todo el testimonio de los que nos decimos cristianos y sobre todo de los c...

Cuentos

Carlos vuelve de nuevo a preguntar a su madre si puede ir con su amiga Tania a las mismas actividades del colegio para luego poder jugar un ratito juntos. Sandra, su madre, mira por un momento el horario que se ha escrito en la agenda para que no le coincida nada y se lo vuelve a negar, diciendo al pequeño que no puede ser porque a esas horas tendrá las clases de inglés. El pequeño no puede más, se tira al suelo y empieza a chillar sin parar:   -¡No quiero ir ni a música, a inglés, repaso ni nada parecido! ¡Me aburro!   – Calla Carlos, mira la que estas montando. – le riñe su madre.   – ¡No quiero callarme! – Le grita aún más enfadado – ¡Yo quiero jugar!   – ¡He dicho que te calles! – ya exclama su madre enfadada de verdad.   – ¡No, no y no! – sigue gritando Carlos, aunque ya de pie. – ¡Quiero jugar con mis amigos! Ante la pataleta de su hijo, Sandra mira a Sofía y piensa que tal vez su amiga no esta tan equivocada como ella piensa. Quizá ella tenga razón y sea ...

Los dos amigos y el oso

LOS DOS AMIGOS Y EL OSO A dos amigos se aparece un oso: el uno, muy medroso, en las ramas de un árbol se asegura; el otro, abandonado a la ventura, se finge muerto repentinamente. El oso se le acerca lentamente: mas como este animal, según se cuenta, de cadáveres nunca se alimenta, sin ofenderlo lo registra y toca, huélele las narices y la boca; no le siente el aliento ni el menor movimiento; y así, se fue diciendo sin recelo: "¡Éste tan muerto está como mi abuelo!" Entonces el cobarde, de su gran amistad haciendo alarde, del árbol se desprende muy ligero, corre, llega y abraza al compañero, pondera la fortuna de haberle hallado sin lesión alguna, y al fin le dice: "¿Sabes que he notado que el oso te decía algún recado? ¿Qué pudo ser?" "Diréte lo que ha sido: Estas dos palabritas al oído: Aparta tu amistad de la persona que si te ve en el riesgo te abandona"

El perro flaco

EL ASNO Y EL LOBO Un Burro cojo vió que le seguía un Lobo cazador, y, no pudiendo huir de su enemigo, le decía: "Amigo Lobo, yo me estoy muriendo; me acaban por instantes los dolores de este maldito pie de que cojeo. Si yo me valiese de herradores, no me vería así como me veo. Y pues fallezco, sé caritativo: sácame con los dientes este clavo. Muera yo sin dolor tan excesivo, y cómeme después de cabo a rabo" "¡Oh!, dijo el cazador con ironía, contando con la presa ya en la mano, ¡No solamente sé la anatomía, sino que soy perfecto cirujano! El caso es para mí una patarata: La operación, no es más que de un momento. ¡Alargue bien la pata, y no se acobarde, buen jumento!" Con su estuche molar desenvainado, el nuevo profesor llega doliente; mas éste le dispara de contado una coz que le deja sin un diente. Escapa el cojo; pero el triste herido llorando se quedó su desventura. "¡Ay, infeliz de mí! ¡Bien merecido el pago tengo de mi gran ...

El asno y el lobo

EL ASNO Y EL LOBO Un Burro cojo vió que le seguía un Lobo cazador, y, no pudiendo huir de su enemigo, le decía: "Amigo Lobo, yo me estoy muriendo; me acaban por instantes los dolores de este maldito pie de que cojeo. Si yo me valiese de herradores, no me vería así como me veo. Y pues fallezco, sé caritativo: sácame con los dientes este clavo. Muera yo sin dolor tan excesivo, y cómeme después de cabo a rabo" "¡Oh!, dijo el cazador con ironía, contando con la presa ya en la mano, ¡No solamente sé la anatomía, sino que soy perfecto cirujano! El caso es para mí una patarata: La operación, no es más que de un momento. ¡Alargue bien la pata, y no se acobarde, buen jumento!" Con su estuche molar desenvainado, el nuevo profesor llega doliente; mas éste le dispara de contado una coz que le deja sin un diente. Escapa el cojo; pero el triste herido llorando se quedó su desventura. "¡Ay, infeliz de mí! ¡Bien merecido el pago tengo de mi gran ...

El leopardo y las monas

EL PERRO Y EL COCODRILO Bebiendo un Perro en el Nilo, al mismo tiempo corría. "¡Bebe quieto!", le decía un taimado Cocodrilo. Dijole el Perro, prudente: "Dañoso es beber y andar; pero, ¿es sano el aguardar a que me claves el diente?" ¡Oh; qué docto perro viejo! Yo venero su sentir en esto de no seguir del enemigo el consejo. EL LEOPARDO Y LAS MONAS No a pares, a docenas encontraba las Monas en Tetuán, cuando cazaba, un Leopardo. Apenas lo veían, a los árboles todas se subían, quedando del contrario tan seguras, que pudieran decir: "No están maduras!" El cazador astuto se hace el muerto tan vivamente, que parece cierto. Hasta las viejas Monas, alegres con el caso y juguetonas, empiezan a saltar: la más osada baja, arrímase al muerto de callada; mira, huele y aun tienta, y grita muy contenta: "¡Llegad, que muerto está de todo punto; tanto, que empieza a oler el tan difunto!" Bajan todas con bulla y algazara...

La zorra y la cigueña

LA ZORRA Y LA CIGÜEÑA Una Zorra se empeña en dar una comida a la Cigüeña. La convidó con tales expresiones, que anunciaba sin duda provisiones de lo más excelente y exquisito. Acepta alegre, va con apetito; pero encontró en la mesa solamente jigote claro sobre chata fuente. En vano a la comida picoteaba, pues era, para el guiso que miraba, inútil tenedor su largo pico. La Zorra, con la lengua y el hocico, limpió tan bien su fuente, que pudiera servir de fregatriz si a Holanda fuera. Mas de allí a poco tiempo, convidada de la Cigüeña, halla preparada una redoma de jigote llena. Allí fué su aflicción; allí su pena: el hocico goloso al punto asoma al cuello de la hidrópica redoma; mas en vano, pues era tan estrecho cual si por la Cigüeña fuese hecho. Envidiosa de ver que a conveniencia chupaba la del pico a su presencia, vuelve, tienta, discurre, huele, se desatina, en fin, se aburre. Marchó rabo entre piernas, tan corrida, que ni aún tuvo siquiera la salid...

El lobo y el perro

EL LOBO Y EL PERRO En busca de alimento iba un Lobo muy flaco y muy hambriento. Encontró con un Perro tan relleno, tan lucio, sano y bueno, que le dijo: "Yo extraño que estés de tan buen año como se deja ver por tu semblante, cuando a mí, más pujante, más osado y sagaz, mi triste suerte me tiene hecho retrato de la muerte" El Perro respondió: "Sin duda alguna lograrás, si tú quieres, mi fortuna. Deja el bosque y el prado; retírate a poblado; servirás de portero a un rico caballero, sin otro afán ni más ocupaciones que defender la casa de ladrones" "Acepto desde luego tu partido, que para mucho más estoy curtido. Así me libraré de la fatiga, a que el hambre me obliga de andar por montes sendereando peñas, trepando riscos y rompiendo breñas, sufriendo de los tiempos los rigores, lluvias, nieves, escarchas y calores" A paso diligente marchando juntos amigablemente, varios puntos tratando en confianza, pertenecientes a llenar...

El cuervo y la zorra

EL CUERVO Y EL ZORRO En la rama de un árbol, bien ufano y contento, con un queso en el pico, estaba el señor Cuervo. Del olor atraído, un Zorro muy maestro le dijo estas palabras un poco más o menos: "¡Tenga usted buenos días, señor Cuervo, mi dueño! ¡Vaya que estáis donoso, mono, lindo en extremo! Yo no gasto lisonjas, y digo lo que siento; que si a tu bella traza corresponde el gorjeo, juro a la diosa Ceres, siendo testigo el cielo, que tú serás el Fénix de sus vastos imperios" Al oír un discurso tan dulce y halagüeño, de vanidad llevado, quiso cantar el Cuervo. Abrió su negro pico, dejó caer el queso. El muy astuto Zorro, después de haberle preso, le dijo: "Señor bobo, pues sin otro alimento, quedáis con alabanzas tan hinchado y repleto, digerid las lisonjas mientras yo digiero el queso" Quien oye aduladores, nunca espere otro premio.

La cigarra y la hormiga

LA CIGARRA Y LA HORMIGA Cantando la Cigarra pasó el verano entero, sin hacer provisiones allá para el invierno; los fríos la obligaron a guardar el silencio y a acogerse al abrigo de su estrecho aposento. Viose desproveída del preciso sustento: sin mosca, sin gusano, sin trigo y sin centeno. Habitaba la Hormiga allí tabique en medio, y con mil expresiones de atención y respeto le dijo: "Doña Hormiga, pues que en vuestro granero sobran las provisiones para vuestro alimento, prestad alguna cosa con que viva este invierno esta triste Cigarra, que, alegre en otro tiempo, nunca conoció el daño, nunca supo temerlo. No dudéis en prestarme, que fielmente prometo pagaros con ganancias, por el nombre que tengo" La codiciosa Hormiga respondió con denuedo, ocultando a la espalda las llaves del granero: "¡Yo prestar lo que gano con un trabajo inmenso! Dime, pues, holgazana, ¿qué has hecho en el buen tiempo?" "Yo, dijo la Cigarra, a ...

La zorra y las uvas

LA ZORRA Y LAS UVAS Es voz común que a más del mediodía en ayunas la zorra iba cazando. Halla una parra, quedase mirando de la alta vid el fruto que pendía. Causábale mil ansias y congojas no alcanzar a las uvas con la garra, al mostrar a sus dientes la alta parra negros racimos entre verdes hojas. Miró, saltó y anduvo en probaduras; pero vio el imposible ya de fijo. Entonces fue cuando la zorra dijo: "¡No las quiero comer! ¡No están maduras!" No por eso te muestres impaciente si se te frustra, Fabio, algún intento; aplica bien el cuento y di: ¡No están maduras!, frescamente.

La Gallina de los huevos de oro

LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO Érase una gallina que ponía un huevo de oro al dueño cada día. Aún con tanta ganancia, mal contento, quiso el rico avariento descubrir de una vez la mina de oro, y hallar en menos tiempo más tesoro. Matóla; abrióla el vientre de contado; pero después de haberla registrado ¿qué sucedió?. Que, muerta la gallina, perdió su huevo de oro, y no halló mina. ¡Cuántos hay que teniendo lo bastante, enriquecerse quieren al instante, abrazando proyectos a veces de tan rápidos efectos, que sólo en pocos meses, cuando se contemplaban ya marqueses, contando sus millones, se vieron en la calle sin calzones!

El zagal y el lobo

EL ZAGAL Y LAS OVEJAS Apacentando un joven su ganado, gritó desde la cima de un collado: "¡Favor! que viene un lobo, labradores" Estos, abandonando sus labores, acuden prontamente y hallan que es una chanza solamente. Vuelve a llamar, y temen la desgracia; segunda vez los burla. ¡Linda gracia! Pero, ¿qué sucedió la vez tercera? Que vino en realidad la hambrienta fiera. Entonces el zagal se desgañita, y por más que patea, llora y grita, no se mueve la gente escarmentada y el lobo le devora la manada. ¡Cuantas veces resulta de un engaño, contra el engañador el mayor daño!

El asno y el cerdo

EL ASNO Y EL COCHINO Envidiando la suerte del Cochino, un Asno maldecía su destino. "Yo, decía, trabajo y como paja; él come harina, berza y no trabaja: a mí me dan de palos cada día; a él le rascan y halagan a porfía". Así se lamentaba de su suerte; pero luego que advierte que a la pocilga alguna gente avanza en guisa de matanza, armada de cuchillo y de caldera, y que con maña fiera dan al gordo cochino fin sangriento, dijo entre sí el jumento: Si en esto para el ocio y los regalos, al trabajo me atengo y a los palos.